Décimas para Marichiko (daniel bellón)
Y aquí vamos
Hace poco descubrí al poeta norteamericano Kenneth Rexroth, y, especialmente, un poemario suyo titulado “Los poemas de amor de Marichiko”. En esa obra, un septuagenario Rexrtoh crea una poetisa japonesa apócrifa, que se expresa en breves poemas como este:
CXI
Grito cuando me muerdes los
pezones y el orgasmo
me vacía el cuerpo, como si me
hubieran partido en dos
Siempre he identificado erotismo con vitalidad. Semejante energía me dejó sin aliento y pensativo, y rendido ante la dama imaginaria. Tal vez una poetisa japonesa debiera haber recibido una colección de haikus, pero creo que me aceptaría estas décimas, tan exóticas posiblemente, para ella.
I
Al recorrer tus pezones,
mi lengua vuelta candela
no atiende ya a más razones,
ningún otro premio anhela
que verte sin condiciones
abierta y desbaratada,
pura hambre desatada,
ansiosa de ser comida,
de presentir mis mordidas
por toda tu piel amada.II
Mis manos buscan refugio
en tus rincones secretos.
Mis dedos no se están quietos,
buscan cualquier subterfugio,
y te corretean inquietos
buscando ese punto exacto
que signe un grito en el acto,
grito del que bebo y vivo,
estampido radiactivo,
rúbrica de nuestro pacto.III
Quiero beber de las aguas
que te surten al rozarte,
lentamente acariciarte
aunque después sienta magua
cuando te vas y distante
mis labios ya no te alcanzan
ni mis manos te atenazan
junto a mí bien apretada
mientras te bebo escanciada
sobre mi lengua de estraza.
IV
Apriétame entre tus piernas
hasta que me dejes marcas,
en tus entrañas me abarcas
y acepto cualquier condena
mientras se desencadena
un río caliente y espeso:
la médula de mis huesos
que se derrama en tu vientre.
Reclámame que te entre,
que no acabarán mis besos.V
Entre tus pechos me escondo
huyendo del mundo perro,
en esas carnes me encierro
y entre tus piernas me hundo,
y en ese momento un hierro
que al fuego me señalara
de ti no me separara:
soy fruta para tu hambre,
tú la puerta que se abre
si me desesperanzara.VI
Tus nalgas incandescentes
son el cielo en esta tierra,
me acogen tan suavemente
que casi me desintegran.
Tus nalgas son mi horizonte,
mi tierra de promisión,
una dulce maldición
que afecta a mi rendimiento,
me deja sin argumentos,
te ofrece mi sumisión.VII
Me dejo hacer por tu lengua
dibujando mi contorno,
trabajándome en el torno
sin que yo te pida tregua.
Arrástrame sin retorno
hacia el corazón del grito.
Sumérgete en mi maldito
corazón desangelado.
Sólo he de ser habitado
por tu lengua y tus deditos.VIII
La geografía de tus labios
en un mapa se resume
de besos que se consumen
como fuegos en mi osario.
Quiero tus labios despacio
recorriendo los caminos
que conducen su destino
hacia más allá del vientre
donde sentirte presente
me conduce al desatino.IX
En tus pechos me detengo
una vez más, los rompientes
de mis ataques calientes,
tus bazas en este juego
en el que agoto mi fuego,
y ante tus duros pezones
yo me atengo a tus razones,
me deshago en aguas dulces:
da igual en donde me pulses,
me rindo sin condiciones.X
Al oprimirte, mi cuerpo
no siente remordimiento.
Junto a mi oído, tu aliento
reclamándome ese tiempo
detenido, en el momento
en que el mundo se estremece
y todo desaparece.
No me dejes Marichiko,
la reina de mis mordiscos,
sueño que se desvanece.
